Nunca había pensado que podría llegar a querer a una persona como te estoy queriendo yo a ti, porque yo ahora mismo no te quiero te amo. Ya que tú para mi eres el motor que bombea vida a todo mi cuerpo, eres en la persona que pienso nada más despertar, es tu nombre el que no me puedo sacar de mi cabeza.
Nada más cerrar los ojos para fundirme en mis pensamientos, apareces con tu gran silueta, mandándome que me acerque, y una vez que me he acercado me susurras con tu voz suave al oído que me amas. Es entonces cuando yo me quedo sin palabras, me dejas perplejo, anonadado, y tú sigues diciendo sin parar esas palabras. Cuando veo que paras me lanzo a tus labios de terciopelo, empiezo a besarlos tiernamente, luego voy bajando por el cuello y cuando llego hasta los hombros me coges del rostro y me haces volver a mirar el tuyo, congestionado.
Arto de esperar a que tú reacciones después de mis caricias por todo el cuerpo, te digo al oído todo lo que significas para mí. Y textualmente te recito un poema de Bécquer que dice así:
"Sabe, si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos
también puede besar con la mirada."
Tras estas frases robadas a un gran poeta te abalanzas a mis brazos y no paras de besar estos labios que no merecen los tuyo...