Miras al cielo tumbado en una colina de las remotas tierras,
piensas que no puede haber nada mejor en esta vida, estar con tus amigos sin
pensar en nada más que en ellos y de repente llega y te pegan una apuñalada.
Una puñalada que hace caer un líquido con sabor a mar, con una ligera pena rodeándolo.
Esa pena que no intentas ocultar para que a los que de verdad le importas no se
tenga que preocupar por ti, para que no sientan pena de ti o simplemente para
que no se sientas esas sanguijuelas contentas por conseguir hacerte daño. Ahora
es cuando de verdad llegas a esa colina y estas con los que de verdad quieres
estar con los que sabes que no te van a fallas porque están, han estado y estarán
en todo momento junto a ti.
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